Carón - Ciclo 9496 (Parte VI)
Lentamente y de forma ingrata, el trabajo acumulado va alcanzando el objetivo requerido.
Mientras limpia uno de los filtros hidropónicos saturado de gelatinosa materia orgánica en descomposición, Dalia le marca el final de su jornada.
—Qué rápido se me ha pasado el primer ciclo después de las vacaciones. Extrañamente rápido...
—Las jornadas podrían ser más cortas estos ciclos. Se tiene que intentar hacer coincidir al máximo de personas posible para la ceremonia de mañana.
Eliot se dirige al vestuario arrastrando los pies. Lo que parecía poco tiempo en los huertos resulta ser físicamente agotador, aunque a esa sensación le acompaña cierta satisfacción rara que le hace sentir un poco incómodo. Como si su cuerpo estuviera agradecido de ser un engranaje.
Deja las herramientas y la ropa en la zona de desinfección y aprovecha a descargar los datos que ha ido recopilando por cada especie recolectada. Genera un informe automatizado y lo envía por correo interno a su responsable. Sabiendo que Bill nunca lo va a leer, y que será Dalia la que tomará la decisión correcta de cómo seguir a partir de aquí.
Sale del anillo del sector agrícola y se dirige a su zona habitacional. Se cruza con montones de caras. Algunas son conocidas, otras le suenan, algunas siguen siendo anónimas. Los ciclos están diseñados para que se solapen lo mínimo y se repartan lo mejor posible. Por ello sigue habiendo gente que no se ha visto, y probablemente nunca se verá más allá de un parpadeo en una ceremonia.
—Eliot, por tus parámetros biológicos y tus movimientos detecto que tus niveles de cansancio son altos. Te recomiendo no pasar hoy por la cantina ni visitar a Yara o a Bill.
—Lo sé, lo sé. Nada de maldades. Hoy leeré un poco de ese libro raro que me ha dejado Yara y ya está.
—La lectura es un buen pasatiempo. Recomiendo que elijas temáticas relacionadas con tus tareas o sobre la historia de la nave.
—Antes me grapo los dedos de las manos y los pies que paso mi tiempo libre leyendo sobre mis tareas obligadas.
—Como tu prefieras.
Al llegar a su habitáculo lo recibe una bocanada de aire helado que tensa todo su rostro y encoge su cuerpo.
Las luces se han atenuado mucho, y al entrar aceleran en ese proceso. En la bóveda puede ver un cielo estrellado y la simulación emite un sonido muy confortable, una brisa lejana, que le arrulla hacia la cama, con su almohadón como destino prometido.
Para en la zona del comedor para comprobar que la impresora tiene preparada la cena. De enormes bocados, con glotonería y sin apenas respirar, engulle lo que se supone que era un filete de textura y color difusos y unos trozos húmedos y vistosos que pretenden ser frutas.
Se acerca a su cama y extrae el libro de debajo del colchón. Se tumba y puede leer el título: "Hojas de Hierba".
—Allá vamos. Espero que sea tan bueno como dice Yara.
Abre una página al azar. Hunde la cabeza en su almohada y puede leer:
...Y no ha cesado desde el momento que surgió la vida.
Todo progresa y se dilata, nada se viene abajo,
Y morir es algo distinto de lo que muchos supusieron, y de mejor augurio.
Eliot frunce el ceño y se concentra en el texto. Un pensamiento brota, burbujeante, en la oscuridad de su cabeza:
—"Nada puede terminar del todo una vez ha sido".
