Mar de Sísifo - Parte γ
La doctora pasa la diapositiva proyectada y muestra una serie de imágenes poco intuitivas al ojo humano. Superficies cristalinas repetitivas de materiales poco familiares.
—Creemos que los geótrofos, cuando encuentran elementos clave poco comunes en el universo, vibran de una manera concreta.
La sala permanece en silencio. Muchos miran el informe que tienen delante con el vacío incrustado en los ojos.
—Todavía no estamos seguros de esto, pero la hipótesis generalizada es que parece que «se comuniquen».
Esta afirmación genera cierta incomodidad y los cuchicheos no tardan en volverse incontrolables.
—Hemos aislado dos muestras distintas. En dos salas recubiertas de plomo. El grosor es de un metro y medio, seguido de distintos materiales de diferentes densidades. Hemos añadido bismuto a la placa de Petri de una de las distintas fracciones de dos geótrofos encontrados en puntos alejados de la mina. Ambos empezaron a vibrar y a mover sus cristales a un ritmo y una frecuencia concretos. Fueron grabados simultáneamente. Aquí, en sus pantallas, pueden observar cómo el «baile», como les gusta llamarlo a los mineros, es prácticamente el mismo.
Vuelvo a decirlo, a riesgo de ser humillada en el futuro: es como si se comunicaran.
Algunos de los compañeros no pueden aguantar una risa nerviosa.
—Al añadir silicatos, hierro, calor y agua al espécimen no enriquecido con bismuto, este empezó a cambiar su forma y a lanzar «esporas» microscópicas. Lo sabemos porque los purificadores y detectores de aire empezaron a dar la alarma en pocos minutos. Las hemos analizado por difracción de rayos X, espectroscopía Raman, infrarroja, ultravioleta, microsonda, por línea de rayos C, por microscopía electrónica... En resumen, por todos los medios que tenemos al alcance. Parece que tienen un fuerte recubrimiento de placas cerámicas, una cáscara inferior metálica y los cristales han quedado atrapados y reordenados en un plegamiento interno poco accesible.
Pero, señores, aquí viene el problema. Y no creo que nos paguen suficiente para esto.
Se gira y les mira con gesto cansado.
—Las esporas llegaron días después, no sabemos cómo, al laboratorio contrario.
Antes de que pueda seguir, Laura le interrumpe.
—Perdona, Aina, ¿qué laboratorio? ¿Qué intentas decirnos?
Aina le mira preparada para su reacción; no le coge de nuevas.
—El laboratorio de la muestra de bismuto.
Laura le mira con desaprobación.
—Habéis cometido un error. No hay otra explicación.
Aina sigue hablando, ignorando a su colega y centrando su atención en los compañeros que le desvían la mirada con nerviosismo.
—Las esporas del laboratorio sin bismuto se replegaron sobre la muestra de bismuto y se desplegaron en vistosas formaciones, quedando después aparentemente inertes. Hasta ahora no podemos ignorar que vemos ciertos paralelismos con virusoides, con esporas, con viroides, incluso priones y semillas. La naturaleza de esta sustancia parece estar en un límite muy estrecho entre la vida y lo completamente inorgánico. Tan estrecho que está causando una enorme incomodidad a todo el que tiene que trabajar con ella y no consigue entender qué chuflas tiene delante...
— No tenemos claro que el equipo de materiales, minas y mineralogía sea el único que deba colaborar. Hacemos una petición para que botánicos, microbiólogos, cristalógrafos, genetistas, ingenieros de ecosistemas y otros expertos de la misión sean reconsiderados para participar en este caso. Si quieren seguir adelante con esta charla, por favor, firmen la parte de atrás del documento introduciendo su afirmación para poder participar. En caso contrario, por favor, sigan al caballero que sostiene el arma en la puerta y retirense.
Aina deja pasar unos segundos en los que muchos miran de forma nerviosa al militar de mirada enajenada de la puerta y se apresuran a firmar con sendos sudores resbalando por la frente.
—¡Fantástico! Bueno, en todo caso, por favor Jan, continúe usted con más información del experimento.
Un muchacho joven de gesto recto se levanta, apaga las luces y empieza a mostrar imágenes del proyecto.
—Gracias por participar en el proyecto Hifa. A partir de aquí todo lo informado es confidencial y propiedad de Cerberus.
Espera unos segundos para que el dato se introduzca en la cabeza de sus espectadores y sigue.
—Creemos que los geótrofos responden a determinados elementos traza extremadamente escasos mediante un mecanismo de comunicación aún desconocido.
Para comprobarlo aislamos dos muestras procedentes de galerías separadas por 3,8 kilómetros. Ambas muestras permanecieron en cámaras independientes, completamente selladas y recubiertas de plomo. No existía contacto físico, atmosférico ni electromagnético conocido entre ellas.
A las 09:14, hora marciana, se añadió bismuto de alta pureza a una de las placas de cultivo.
Treinta y siete segundos después, ambos especímenes comenzaron a modificar simultáneamente su estructura cristalina.
No crecían. No se desplazaban. Vibraban.
Las oscilaciones presentaban la misma frecuencia, la misma amplitud y el mismo patrón temporal en ambas cámaras. Repetimos el ensayo siete veces.
Obtuvimos el mismo resultado.
Volveremos al experimento más adelante, pero permitan que centre su atención en un fenómeno macroscópico: hemos reconsiderado nuestro mapeo de las galerías bajo el mar de Sísifo y barajamos otra idea relacionada con este fenómeno.
Pasa la diapositiva y muestra varios mapas de tres dimensiones que rotan mostrando una serie de túneles profundos.
—Todas las galerías que parecían rellenadas de materiales de otras coladas podrían ser masas de geótrofos continuas que se pierden en dirección de vetas y fracturas hidrotermales quizás buscando elementos traza hacia el núcleo del planeta. Lo curioso es que los hilos y corrientes de geótrofos que se adentran en la profundidad del planeta parecen "bombear" calor hacia sus extremos, si puede decirse así. Hemos detectado anomalías de temperatura entre los 5 y los 50 grados por encima de lo esperado.
El resto de participantes empiezan a hacer preguntas de forma nerviosa, mientras Aina les observa con satisfacción.
—Sí, ¿Doctora Patel?
—Gracias. ¿Sugieren que está vivo?
—No podemos asegurarlo. Pero parece estarlo, de alguna forma.
—Entonces... ¿es un solo organismo?¿una colonia? si es un individuo, es el ser más grande jamás imaginado...
El resto de compañeros le miran en silencio. Saboreando esa idea.