Carón - Ciclo 9498 (Parte I)

 


La alarma de Dalia empieza a colarse en su sueño de forma muy insistente. Abre los ojos y ve como en su habitáculo el sol ruge e inunda cada rincón con una luz extremadamente violenta. Un festival de sonidos y movimiento le rodean. Un vendaval de desorden puro que agita árboles, hierba, hojas volando... Incluso las nubes se desplazan a una velocidad inusitada.

Con los ojos medio sellados por las legañas, Eliot intenta ponerse en movimiento, sorprendido de que las proyecciones no le hayan ido despertando de forma paulatina como cada ciclo. No debió beber ese mejunge extraño. Otro golpe tonto con la mesita.

 —Dalia, hay que revisar el ambiente del habitáculo. No puede ser que tenga que despertarme de golpe con este caos. ¡Joder! Como duele...

 —Eliot, por favor, se requiere tu presencia en el módulo. Llegas 3 minutos y 14 segundos tarde. 

 —Sí, sí. Voy. ¿Qué van a hacer? ¿Despedirme?

La sola idea le hace partirse de risa. Se ducha lo más rápido que puede, frotando violentamente la espuma por todas partes. Vistiendose violentamente. Lavandose los dientes violentamente. 

 —Eliot, vas a dañar tu epidermis y el esmalte. Deberías hacerlo de forma más amable. Llegas 7 minutos y 37 segundos tarde.

 —¡Que sí!   

De un brinco coge la tostada y la fruta impresas, las ingiera de dos bocados exageradamente generosos y sale disparado a su puesto.

Se dirige a trote ligero hacia el anillo del sector agrícola, de forma automática, mientras intenta peinarse con las manos y revisa que no esté manchado. 

El camino está más tranquilo que nunca. Normalmente suele haber mucha gente que va de un lado a otro, ruido, gente que vuelve a descansar, gente que cubre a los cansados. Pero hoy se siente un silencio extraño, los pasillos están más oscuros y el aire más pesado. El metal de las paredes parece haber perdido el brillo, y muchas de las puertas que dan a los sectores adyacentes están a oscuras o cerradas. Sigue su camino sin cruzarse con nadie. Por un momento siente inseguridad y para recuperarla activa a Dalia para preguntarle dónde están todos. La pulsera parece haber dejado de funcionar, nadie contesta.

Eliot siente un escalofrío en la nuca. Instintivamente se cubre la piel doblando el cuello de su polar de trabajo para tapar el área que ahora siente desprotegida y desnuda. Como si tuviese un par de ojos clavados como puñales en esa zona.

Aprieta el paso con una sensación de alerta que no acaba de entender. Mientras avanza, al fondo del pasillo ve una silueta de una persona que avanza lentamente hacia él. "Por fin alguien, parece esto un funeral" Eliot acelera, con unas ganas inéditas de poder saludar a alguien a primera hora de su mañana. Al ir acercándose ve que es Bill, que parece que otra vez se ha olvidado algo en su habitáculo y tiene que perder tiempo de su jornada en cubrir otro estúpido despiste. - ¿Qué te has olvidado esta vez? ¡Menudo mejunje raro nos habéis dado! He tenido una noche... 

Al ir acercándose, Eliot siente que algo no funciona. Algo no es como debería. Bill parece no escucharle y se acerca mirando hacia el suelo, cogiéndose el cuello con las manos. 

Bill, colega, estás... 

Cuando lo tiene a poco más de un metro, Bill le mira dando espasmos, la cuenca de sus ojos completamente negra, con un mar vacío inmenso dentro, y la mandíbula desencajada dispara un grito, un grito insoportablemente agudo, profundo, que se cuela por cada hueso, rebota en la cámara metálica y no cesa. 

Eliot da un paso hacia atrás, intentando apartarse de forma instintiva. En un movimiento rápido, Bill se aferra a él y junta sus rostros, aplastándole la cara y buscando su mirada mientras sus gritos cada vez suenan más fuerte... Eliot está completamente agarrotado, congelado, apenas puede respirar y siente un dolor insoportable en los pulmones cuando, de pronto, se da cuenta de que está en el pasillo, él solo. Sus manos en el cuello, apretando... Consigue soltarlas y las observa atemorizado, como si no fueran suyas. Echa un vistazo a toda prisa a su alrededor, Bill ha desaparecido. 

El pasillo parece haber recuperado su brillo. El piloto de Dalia en su muñeca parpadeando. Aunque solitario, se oye un rumor de actividad humana rutinaria de fondo.

Eliot sigue tenso, gira sobre si mismo, buscando. No está. "¿Qué demonios?". Y no hay rastro de Bill. Hace un momento estaba aquí. No puede ser. Todos los músculos de su cuerpo están agarrotados y se sienten como si llevaran días trabajando sin descanso. Apenas le responden con precisión, le tiembla el pulso y ha perdido el control de su respiración. Una niebla mental y la sensación de un mal presentimiento muy intenso le inundan. Traga la poca saliva que puede generar y con paso indeciso se dirige, de nuevo, a su puesto.

Dobla la esquina, con terror, mirando a todos lados, esperando cualquier cosa. Pero a lo lejos se oye una voz familiar.

¡Eh! ¡holgazán! Venga, no querrás llegar tarde a tu primer día de ascenso.

Bill está al fondo del pasillo. Le saluda sonriendo y le hace señas para que se acerque.