Mar de Sísifo - Parte Δ
—Las señales de radar nos muestran algunos tubos colapsados y otros rellenados con un material de densidad distinta. Quizás lava de una segunda erupción. La aplicadora cerámica está recubriendo el primer túnel. Esperan tenerlo sellado en unas pocas horas.
Asiente con la cabeza, se mentaliza para hacer su parte. Como un engranaje que está a punto de recibir el diente que le empuja.
—Tan pronto den la señal, saldréis con los trajes y buscaréis posibles fugas. Grietas, fisuras, movimiento. Si detectáis algo, ya sabéis: espuma y volvéis. Id siempre 20 metros detrás de los robots. Cuidado con los tropiezos. Recordad que aún no está alisado. Cuando tengamos todo preparado, podremos montar la tuneladora y abrir los módulos. Si todo va bien, nos quedan pocas noches de dormir en el suelo.
La luz verde del techo se enciende y comienza a girar, dándoles el pistoletazo de salida.
—¡Bien! Vamos, muchachos, cerrad los trajes, revisad el equipo y en fila.
Nil repasa cada parte del protocolo en su cabeza, lo va recitando de memoria en voz baja. Especialmente el detectar, asegurar, sellar y señalizar. La puerta empieza a abrirse y puede ver cómo una oscuridad total les invita a entrar. El recubrimiento cerámico de color amarillo brillante centellea ante las luces de su casco. Puede ver las señales fluorescentes de color azul en la espalda del traje de sus compañeros. La marca a seguir o buscar en caso de perderse. El suelo es muy desigual, pero la capa cerámica es extremadamente rugosa y ayuda a buscar posiciones que permitan el equilibrio que, de otra forma, sería imposible. La baja gravedad sigue sin ser agradable, aunque ya no tiene ese maldito reflujo que le dejaba afónico. Poco a poco va siendo parte del planeta. Con ojo avizor, repasa cada esquina del suelo, buscando patrones raros en su movimiento, buscando una fisura en el recubrimiento que haga que el aire que la llena pueda desaparecer de pronto y matarlos a todos... Solo una pequeña fisura y, bueno, mejor no pensar.
Avanza ligero, pero lento. Con prisas, pero despacio. Cada minuto ahorrado a la compañía es dinero ganado en su bolsillo. Debe mantener un precario equilibrio entre ganar las migajas que le lanza Cerberus y mantener intacto su cuerpo. Caminar prácticamente a oscuras, con poca gravedad, dentro de un traje para trabajar en semivacío y un tanque de espuma comprimida en la espalda no es tarea sencilla.
Su vista es una sucesión de flashes y luces que se reflejan en el tubo de lava de hace millones de años, ahora recubierto por una simpática espuma amarilla ya solidificada que lo cubre todo. Camina disparando ráfagas de gas coloreado por las paredes y detectando las posibles fugas.
De pronto, por el rabillo del ojo, detecta un sutil cambio en la forma en la que se propaga la masa amorfa de gas negruzco. Instintivamente, se acerca a lo que cree que puede ser el origen y empieza a lanzar ráfagas cada vez más rápido. Sigue la estela de esa turbulencia anómala y ahí está... Una pequeña fisura, un poro... Suficiente para que colapse el sistema. Extrae su espuma cerámica de secado rápido y empieza a añadir una capa generosa. Mientras seca, marca la localización en su GPS.
—Bueno, mañana habrá que echar un vistazo para ver que sigues estable hasta que puedan pavimentar este agujero.
Le encanta su trabajo. Nada que ver con esos días aburridos mirando un monitor y viendo fórmulas anodinas correr de un lado a otro. Satisfecho, busca una zona en el mapa donde sus compañeros no estén revisando para dirigirse lo antes posible y reclamarla como propia. A más metros revisados en menos tiempo, más cerca de esas vacaciones.
—Vamos allá... ¿Pero qué?
Al girar la cabeza, el foco de su casco ha proyectado una sombra inesperada y en rápido movimiento. Justo donde ha lanzado la espuma. Al mirarla de cerca, puede ver cómo unos cristales brotan, mezclando la cerámica amarilla y la espuma de color blanco, rotan, se expanden y encogen, cambian y parecen jugar con el espacio que les rodea. Son cristales iridiscentes, de muchos colores pero siempre con un reflejo metálico. Parecen brotar de forma suave y rítmica, como si viera agua salir de un manantial, pero sin alejarse del foco. De forma hipnótica, toman formas imposiblemente geométricas para regresar al principio. Un mal presentimiento le azota la nuca y, de un movimiento rápido, lanza media carga de la espuma sellante que lleva en el traje por miedo a que el aire esté entrando de forma violenta y rompiendo la capa de seguridad.
—Base Lewis. Aquí Nil. Detecto una anomalía en la capa de seguridad. Os acabo de enviar coordenadas. Solicito al equipo de ingenieros. No sé si habéis podido verlo por la cámara. He intentado sellarlo con espuma, pero prefiero que echéis un vistazo, cambio.
—Aquí Base Lewis. Deja de hablar con las fisuras cerradas... ¿Detectas CO2? Cambio.
—Aquí Nil. No, no detecto CO2, pero, mi sonda detecta un aumento de temperatura alrededor de la fisura. Unos 25 grados centigrados aproximadamente. Cambio.
—Aquí Base. Nil, eso es imposible. La actividad volcánica está dormida desde hace millones de años y no hay ninguna fuente de calor cerca. Lo único compatible es una reacción química, pero la cerámica no debería...
Ruido de estática. La voz de la base se entrecorta y la luz de su foco empieza a parpadear. Una mala sensación le empieza a brotar desde la boca del estómago.
—Base, aquí Nil, por favor repitan. Hay problemas de comunicación. Cambio.
La luz de su foco se apaga y empieza a oír la voz de un compañero en el fondo de la estática.
—...No todos los días tiene uno fruta de desayuno. Si puedo, otro día c...
— ¿Hola? ¿Base? Por favor respondan. No entiendo lo último que han dicho. Parece que hay problemas de comunicación.
—...no huelo. Si quisiera podría llamar a Daisy. Estoy har...
Por su altavoz puede oír una voz grave, metalizada y hueca. No entiende nada de lo que dice y se entremezcla con la estática.
—Si es una broma, no tiene gracia. Aquí Nil, por favor base, espero instrucciones.
Los sensores de temperatura del traje de Nil le marcan una advertencia en el visor de su casco. La temperatura alcanzada en el interior del tubo es de 38 grados centígrados. Nil se queda mirando el dato sin entender qué está ocurriendo. ¿Cómo es posible que el interior de un tubo de lava a medio colapsar, en una mina marciana, prácticamente al vacío alcance una temperatura compatible con la axila de una persona?
—Aquí Base Lewis... Aquí Base Lewis... Repito: Vuelvan a base... Repito: Vuelvan a base. Anomalía detectada.
